La moda, una forma de expresarnos

Aprovechando que llega el “finde” y que por supuesto las ganas de fiesta empiezan a aflorar en nuestra cabeza, he empezado a reflexionar sobre lo que tengo en el armario para ponerme…Y, tras haber meditado durante un largo rato, he concluido que, si al llegar resulta que alguien lleva el mismo outfit, o que a simple vista resulta ser algo muy parecido… pasando en un instante  de la euforia máxima imaginando como será esa gran noche donde lo daré todo, al momento de crisis más absoluto por pensar que pueda coincidir con alguien que esté vestido igual que yo. Y es que, no si alguna vez les ha pasado, el llegar a algún sitio y ver exactamente lo mismo que tú llevas en otra persona. Y lo que normalmente solemos pensar es en el siempre socorrido – tierra trágame, pues, lo que menos esperas es encontrar a alguien vestido con la camiseta o traje nuevo que te compraste especialmente para salir esa noche. O bien, siempre queda la opción de hacer en nuestra cabeza un “a quien le sienta mejor” (donde siempre nosotros saldremos victoriosos de esta batalla de estilo). Esta terrible situación siempre había pensado que se debía a la falta de ingenio a la hora de vestir más que a la mera casualidad, aunque si nos fiásemos del refranero popular se dice que “ las grandes mentes piensan igual” y quizás sea eso, que vivo entre pequeños Einstein´s y yo sin saberlo todavía, pero es algo que a día de hoy sigo sin entender, pues no concibo la idea de que dos personas al azar vistan lo mismo en un mismo momento, vamos que la casualidad existe y me consta pero ¿hasta ese punto? Y es aquí donde ha surgido la idea de este post, porque en ocasiones he pensado una multitud de ideas y me han surgido una serie de preguntas sin respuestas, que a día de  hoy todavía sigo sin  responder.
Una de ellas es ¿por qué habiendo tantas tiendas todo el mundo viste igual? o ¿Cómo es posible que dos personas (o más, porque ya he visto el caso) vistan exactamente igual?
Entiendo que la llegada del imperio “Inditex” haya puesto al alcance de muchos lo que antes era imposible, es decir, poder vestir medianamente bien a precios asequibles, pero dónde quedan aquellas tiendas de toda la vida en las cuales solo comprábamos aquello que era estrictamente necesario y que era rara la ocasión que vistiésemos igual que otra persona, pues, al ser  tiendas pequeñas eran  pocos los que la  conocían y siempre se conseguía marcar la diferencia…
Para mí siempre ha sido un problema de comodidad lo que había supuesto este dilema, y es que, es cierto que podemos acudir a multitud de áreas comerciales y podemos comprarnos multitud de ropa, pero también es cierto que somos nosotros los que elegimos lo que comprar. Entonces, por qué rara es la ocasión que salgo de marcha o simplemente voy de paseo y veo a dos personas como mínimo con una vestimenta igual o muy parecida, casi hasta el punto que parece que se la han comprado juntas sin ni siquiera conocerse.
Es aquí donde se produce un amplio dilema personal, el cuál tras tantos años de shopping he podido observar, y es el siguiente; primero debemos observar los grupos que se postulan a la hora de ir de compras que son varios y de lo más variopintos; tenemos en primer lugar a ese grupo de gente que llamaremos “pseudo-modernos” que son todos aquellos que van con revistas de moda debajo del brazo y compran outfits iguales a los aparecen en éstas, creyéndose casi los creadores de las tendencias y siendo simples reflejos de las ideas de otros. Luego tenemos al grupo de los “se lleva”, es decir, como ven que en la tienda sólo hay color verde, creen que eso está de moda y como “se lleva” compran un cargamento de ropa verde. También, se encuentra esa gente que llega a la tienda y sólo compra lo que ve en el  maniquí o en los dependientes, sin importar si les gusta o no, simplemente porque consideran que si ellos lo llevan puesto es porque será un must,… y así un amplio abanico de posibilidades  que pone de manifiesto la falta de personalidad a la hora de vestir de muchos compradores, así como la falta de voluntad por querer marcar la diferencia comprando prendas con las que verdaderamente se sientan cómodos y sean diferentes a lo que llevará la mayoría. Pues muchos no compran por seguir sus gustos o sus ideales sino más bien por seguir los dictados de una moda en la mayoría de las ocasiones pasajeras, pues compran artículos de temporada que luego no volverán a ponerse y pasarán siglos dentro del ropero hasta que decidan tirarlos o convertirlos en  “vintage”.
Luego, debemos tener en cuenta quienes guían las nuevas tendencias, quienes son los iconos de moda…
Aquí es donde me vuelve a surgir una serie de dudas porque, ¿Quién dictamina los criterios de la moda? ¿Por qué consideramos más moderno a todo aquello que viene de fuera que al producto patrio?
Por que bien es cierto que actualmente vivimos en una época ideal, pues ya no nos escandalizamos de ver a una mujer en pantalones, o a un hombre en un centro de pedicura, los tiempos han cambiado y cada vez somos más libres de hacer lo que queramos. Si esto los trasladamos al mundo de la moda, también hemos sufrido un cambio radical, pues vivimos en una era donde podemos ponernos lo que queramos, pudiendo un día ser un poco más hippies y otros más roqueros, sin necesidad de seguir un dictamen de la moda. Pero es aquí donde me asaltan nuevas  dudas, y es, saber en qué momento de este cambio han saltado esos cánones de belleza, y por qué nos fiamos tanto de lo que vemos en las tiendas o de lo que dice una única persona, cuando ha sido entre todos los que hemos propiciado este movimiento de cambio para vivir en esta sociedad tan liberal.
A modo de conclusión no creo que la gente vista bien o mal, pero, cierto es que la mayoría opta por la comodidad, es decir, si otro lo lleva y llama la atención, entonces yo también me lo pondré para conseguir el mismo efecto. Y es aquí donde hago un llamamiento a que todo el mundo vista como quiera pero sin olvidar quienes son. Porque en ocasiones utilizamos la moda para reflejar lo que somos o como nos sentimos pero no debemos olvidar que la moda no es una careta o un disfraz que nos ponemos un rato para esconder todo aquello que no queremos ser o que reprimimos ser, sino una forma de expresarnos y de decir al mundo lo que queremos aportar.

2 comentarios:

  1. Toda la razón, eso de coincidir en ropa con alguien (sobre todo si es en un "acto importante") es lo peor y como tu dices, suele pasar.

    Saludos!

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  2. Pero ya sabes, siempre puedes hacer en tu mente una batalla de a quien le sienta mejor y siempre saldrás ganando jiji
    Saludos!!

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